Los zagueros con características ofensivas son los jugadores más demandados por los clubes. ¿Cómo trabajan los ojeadores para encontrarlos?

Son los responsables de que miles de chicos cambien de equipo cada año. De ellos depende que el talento del fútbol base llegue a buen puerto. Armados de cámara, papel y bolígrafo, pasan de un campo a otro para descubrir al próximo Messi. O simplemente para cubrir un hueco en el Cadete B de su club. Se desplazan, observan, analizan, interpretan, apuestan, espían… Son cazadores de estrellas. Son ojeadores.

“El ‘scouting’ es el ‘alma mater’ del deporte, sobre todo a nivel competitivo”, explica Carlos Merino Torrecilla, ex ojeador del Real Madrid CF. “La captación es fundamental en el fútbol, pero sólo los clubes de primer nivel tienen personal dedicado específicamente a buscar talentos. El potencial económico te permite tener una buena red de ojeadores y ver a muchos jugadores no sólo por toda España, sino también en el extranjero”.

Merino, hoy entrenador del Cadete A del Getafe CF, cuenta cómo se desarrollaba su trabajo en el Real Madrid: “Cada ‘scouter’ se dedicaba a una determinada zona. En un fin de semana, a lo mejor podía ver siete partidos. De cada encuentro tenía que realizar informes sobre los jugadores que destacaban. A veces desde el club me indicaban qué partido seguir. Otras, simplemente intentaba ver los mejores encuentros de cada categoría. Los datos disponibles en Internet son de gran ayuda a la hora de tener que elegir qué partido ver”.

La tecnología ha cambiado el trabajo de los ojeadores, abriendo un importante abanico de posibilidades que antes no existían. “Los vídeos y los software informáticos que hay en internet te permiten tener a mano todos los datos estadísticos de un jugador y poderle ver muchas más veces y en diferentes contextos”, señala Alberto Martín Barrero, ojeador del Real Betis Balompié y director del Departamento de Metodología del Entrenamiento en la Academia de Alto Rendimiento Marcet.

El engaño estadístico

Sin embargo, según Martín siempre hay que coger con pinzas las estadísticas, porque pueden ser “engañosas”. Tener más datos no quiere decir automáticamente tener más acierto. “Hay que saberlos analizar, recopilarlos bien, interpretarlos, contextualizarlos… Ahí está el verdadero éxito de un ojeador“. Y en eso sí que la tecnología puede ser fundamental. Sobre todo las redes sociales, que ofrecen informaciones extradeportivas muy relevantes. “Te pueden decir cómo piensa un jugador, qué actitud tiene, qué personas le rodean, qué relaciones tiene con éstas… Ha habido casos de futbolistas que no han podido fichar por un determinado club porque su estilo de vida no casaba con la filosofía de ese equipo”.

¿Pero qué buscan los equipos? “Cada club tiene su perfil de jugador, pero también es verdad que los parámetros han ido evolucionando con el tiempo”, explica Martín. Si antes los ‘scouters’ se fijaban en los jugadores que simplemente destacaban más en sus equipos, ahora intentan mirar más a largo plazo, teniendo en cuenta la madurez biológica de un futbolista y valorando sus actuaciones también en ámbitos distintos al del partido. “El fútbol es un deporte muy complejo, en el que influyen distintos factores. Por eso hay que ver a un chico también durante los entrenamientos. Hay que intentar conocer a su familia y valorar la situación que le rodea. Al final son los contextos los que marcan el rendimiento futbolístico“.

Cuántos más elementos se hayan analizado, mejor será el informe confeccionado por el ojeador. Y más posibilidades tendrá de convencer a sus superiores para que convoquen al chico observado a hacer unas pruebas. “Es importante que el informe cuente con grabaciones, porque por la vista todo entra mejor”, explica Merino. Sin embargo, no siempre es posible obtener imágenes de un partido. “A ciertos estadios tenía que ir de paisano”, asegura el ex ‘scouter’ del Real Madrid: “Algunos grandes clubes prohíben totalmente las grabaciones en sus instalaciones, a no ser que quien las realice sea del equipo del visitante y pida una autorización. Además, también puede haber problemas por la ley de los menores, aunque la verdad es que en la gran mayoría de los campos no suelen poner pegas”.

Si los ojeadores se ven obligados a tener que buscarse la vida en determinados campos, eso se debe en gran medida al hecho de que su oficio carece de un marco legal oficial. Hoy por hoy el ‘scouter’ no deja de ser un entrenador especializado en captación. De hecho, la gran mayoría de los ojeadores son técnicos que sólo se pueden dedicar a esta actividad a tiempo parcial. “Es difícil poder vivir de ser ‘scouter’, a no ser que trabajes para un club muy importante”, comenta Martín: “Siempre depende de las posibilidades económicas del equipo, de los ingresos que tenga y de los beneficios que destine al fútbol base”.

Posiciones clave

Por un lado, grandes clubes con ojeadores especializados que cubren buena parte del territorio nacional y llegan incluso a traspasar fronteras. Por otro lado, la inmensa mayoría de los equipos, con entrenadores que dedican parte de su tiempo a buscar talentos en un radio geográfico muy limitado. Pero también hay una tercera opción: ojeadores ‘free lance’, que no pertenecen a ningún club y colaboran con empresas de representación o de ‘scouting’. Una manera de desarrollar este oficio de forma más creativa y autónoma, pero también más arriesgada.

Trabajen como trabajen, todos los ojeadores buscan lo mismo: jugadores con talento, margen de mejora y capacidad para adaptarse a un nuevo contexto. Y, sin son defensas, mucho mejor. “Los puestos que cuesta cubrir más en el fútbol son los de la zaga y la portería”, señala Merino, explicando que sobre estas posiciones “no hay datos estadísticos claros”, como ocurre con los delanteros. “Ahora mismo se requieren defensas con características ofensivas”, matiza Martín. “Los puestos más demandados son laterales izquierdos y jugadores de banda en general, incluyendo los extremos, que tanto se han puesto de moda en los últimos años. Sobre todo, es importante que tengan proyección ofensiva y desborde en el uno contra uno”. Y que, cuando jueguen el mejor partido de su vida, un ojeador les esté mirando desde la grada.

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